El Efecto de la Música

  • Incidencia del estudio musical en diversas áreas del desarrollo infantil, investigación por G. Huároc, L. Huincamán, D. Jimeno, A. Soto y P. Torrealba.
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martes, noviembre 20, 2007

Voy al museo y vuelvo

En uno de los ultimos días de la jornada del concurso, tuvimos ida a la Huaca de la Luna, pirámide moche en continuo proceso de rescate, sobre ese paseo-almuerzo comentaré con detalle en otro post. Ese mismo día por la mañana hubo clase con la jurado Valery Jones (EEUU), pero como la noche anterior algunos insurrectos anduvimos tragando hasta tardísimo, me la perdí.
Hubo muy buenos comentarios de esa clase, así que sin roche al día siguiente busqué a la Sra. Jones para contarle y pedirle que por favor me escuchara y me diera algunas sugerencias, a lo que respondió con su característico, carismático y sonriente "Aaaaah! Mmmmm! Ok!" y me explicó que podría ser al día siguiente por la tarde, pues por la mañana los jurados irían "al museo", así que quedamos en que la llamaba después de las 3, after lunch.
Ese día de la clase mi madre y tía habían invitado a mi nuevo fratello brasileiro Atalla (que todavía no ganaba) a almorzar en el depa de mi primo Joseca, así que llegamos de hacer compras ("eim Beleim tudo eis muito mais caro quei em Truji-io") y luego de almorzar llamé a la profe... y la llamé... y la llamé...
Me explicaron que aún no habían vuelto. Yo supuse que salieron tarde y luego fueron a tomar un café, pero cuando no llegaban hasta las 7, me imaginé hasta un secuestro. De pronto apareció Marujita, la organizeitor, y me dijo que habían ido a Chiclayo al Museo de Sipán. ¡Qwek!
El día de la premiación logré acercarme a la Sra. Jones a despedirme y agradecerle en nombre de la peruanidad entera por haber venido a mi Trujilandia y gratis y que encima sacó del bra una beca por 4 años para nuestro primer lugar. Igual no se quedó con las ganas, porque la tipa es genial, y se puso a hacer una masterclass express ahí en un hall-cito del teatro. Tan profe ella.
Y bueno, el viernes me pegué un salto a Chiclayotown, y aproveché de ir al mismo Museo de las Tumbas Reales de Sipán, y la verdad que valen la pena los diez solcitos por mitra que cuesta la entrada. Es para caerse de poto lo fino de la orfebrería, y lo bien que ha quedado la restauración y la exposición. Es un tremendo orgullo. Punto para Perú. Sólo falta mejorar la ruta de acceso, porque la combi nos dejó en un paraderito horroroso y hay que atravesar un mercado con todo lo que eso implica. ¡Y que haya escapes de emergencia de café en cada piso!
Después jui a ver a la Weendhy y su bebe, y partí para Lima.

2 comentarios:

Petisita dijo...

En resumidas cuentas, no pudiste tenenr tu teté a teté con la profe :( y que onda el brasilero, le gustó la comida peruana? aceptó la beca?

Mi Chebas dijo...

fratello es hermano en portugués? yo estaba seguro que era irmao...

(fala meu irmao me decían los cariocas, a pique me estaban insultando?)

En gringolandia no soy tan nerd