El Efecto de la Música

  • Incidencia del estudio musical en diversas áreas del desarrollo infantil, investigación por G. Huároc, L. Huincamán, D. Jimeno, A. Soto y P. Torrealba.
  • Documento completo (pdf, 922 Kb)
  • Extracto (pdf, 414 Kb)

martes, marzo 18, 2008

Thelma, la que me visita cuando quiere

Ya la conocía. A veces me hacía caso y se dejaba acariciar. Alguna vez le di de beber, pero siempre bajo sus condiciones. El día que me mudé, bajó a mirar, sin dar muestras de ningún interés en especial, y se fue sin despedirse. Al día siguiente llegué y a los pocos segundos apareció sin hcer ningún ruido, y por ser gentil le ofrecí un poco de agua. Me ocupé en un par de cosas mientras ella nuevamente revisaba todos los rincones, aunque sin criticar que todavía no hubiera ordenado nada. Me hizo gracia verla ahí, y luego cuando me serví una taza de leche chocolatada le convidé un poco... parece que eso le gustó, porque luego se acercó y rozó su cuerpo contra el mío, aunque no me emocioné mucho porque hizo lo mismo con algunas de las cajas. Pensé que las iba a perfumar (1). Le conté a la doctora Gaby de mi affaire, se rió, y me explicó que los perfumistas eran los machos.
La cosa no había pasado a mayores, a lo mucho un día me acompañó a mirar el parquecito desde la puerta, hasta que hace unos días, estando solos en casa, nuestra relación se consolidó (!). Llegué, y Pablo y los suyos andaban en casa del hermano de Gaby, así que Thelma bajó a visitarme... aunque sus intenciones eran algo intensas. Primero le di un poco de agua, y ella bebió, pero al minuto comenzó a recorrer el lugar restregándose contra todo lo que encontraba, incluyéndome. Como todavía había luz, me senté en el patio de las macetas a hacer un poco de fotosíntesis, y se me ocurrió que tal vez se estuviera sintiendo sola, perduta, abbandonata, así que le estiré una mano, y ella saltó de silla en silla hasta quedar sobre mis piernas.
De pronto recordé que los muchachos siempre me dijeron que la gata, como todo gato, es súper independiente, aunque le gusta jugar dentro de la casa. Así que por las dudas fui a revisar su plato de comida, y efectivamente estaba vacío, y debe haber estado hambrienta porque cuando me acerqué a su rincón se lanzó sobre las cuatro o cinco whiskas que le quedaban en el plato. Busqué y busqué, pensando que talvez los chicos volverían tarde y la gata se vería obligada a cazar un par de palomas, lo que no es malo para ella pero implica tenebrosos e indeseados resultados decorativos. Finalmente encontré su comida, le puse un poco y bajé a hacer un par de cosas. Al rato bajó Thelma, y encontró una semilla de castaño que seguro cayó por la ventana, y se puso a jugar con sus manitos. En verdad me conmovió, porque para mí gato siempre significó alergia o riesgo de toxoplasmosis, y aquí estaba yo sin ronchas ni disneas, y en mi propio espacio (2).
A partir de entonces, ni bien llego a casa baja Thelma a decirme miau, pedirme agua, y acompañarme un rato alternando sus exploraciones con sobadas de lomo contra lo que encuentre, y algún ejercicio militar gatuno que se le ocurra. Y antes de irse se queda unos segundos en la escalera sentada mirándome, como asegurándose de que no haga algún disparate a sus espaldas.
(1) Ya había tenido una terrible experiencia, cuando pasé un par de semanas hospedado en casa de una amistad de mi padre en Guayaquil, pues él se había mudado a Ambato (cerca a Quito), y en resumen al segundo día me encontré con mi bolso de ropa sucia totalmente identificable a tres cuadras y con los ojos cerrados, creo que me explico.
(2) En Lima, y en menor medida en Trujillo, mis alergias se exacerban, lo que asumo tiene que ver con los ácaros y hongos tan abundantes en ese clima de eterna primavera, además de la contaminación.

3 comentarios:

Petisita dijo...

Y se llama Thelma, que buen nombre para gata (por el personaje de la peli thelma and louis).
A mi los gatos/as me caen bien, me parecen animales muy especiales pero no los tengo de mascota porque aunque sean muy independientes, el tema de la alergia me detiene. No por mi, sino por mio amore que apenas ve uno estornuda.
Saluditos

María dijo...

Oye Gabo, no te involucres con seres simpáticos pero nocivos, creo que estás abusando de tu ausencia de crisis asmáticas. Los mininos tienden a apoderarse del territorio si les dan cabida, asi que guarda prudente distancia o se instalará en tu cama. Un beso . Maruja.

Ayaya san dijo...

Me hiciste llorar con tú cuento - muy sensible?¿ si, es que pensaba que la historia terminaba mal y me dio pena antes de tiempo.

Yo también tengo una gata, se llama Mimi-chan - es bien especial, mañosa, le gustar tomar agua del lavamanos, le gsuta comer ramitas, le gusta estar en el balcón y sentir el viento, se me imagina que le gusta escuchar el rompe silencio que tengo, bueno a mi tambien - a las dos nos gusta - los gatos son excelente compañia, uno les habla y alomejor piensan que uno es loca pero, una vez leí que si uno les habla y ellos te maullan es que te contestaron jeje ^_^

Lindo tú post Gabriel, me gusto mucho ...


Tú vecina blogger

Ayaya

En gringolandia no soy tan nerd